VÍRGENES DEL SOL INN CABARET DE ALEXIS FIGUEROA: UNA OBRA MAESTRA por EDUARDO J. FARIAS ALDERETE
Escribir acerca de Alexis Figueroa siempre será un reto. Desde la Neovanguardia de los ochenta, a la llegada de la democracia con las generaciones de nuevos poetas con ansias de crecer, Figueroa representó una línea señera, un impulso para adentrarse en las figuras que mantuvieron por los 80 la cultura under que cohabitaba con el concepto férreo acuñado por la dictadura: “el apagón cultural”.
Ya leer “Alicia en la clínica” en el año 1994 ingresar en el nuevo mundo de la poesía que entregaban Rodrigo Lira, Enrique Lihn, Tomás Harris, Teresa Calderón, Soledad Fariña, Elvira Hernández y otros que en este momento se escapan de la memoria, momento exacto en que la poesía dejo de ser Neruda, un pálido Huidobro o un celebrado Parra.
El desprevenido lector no se percataría de que está ante un poemario “ochentero” si no es por conceptos que actualmente ya no existen o la ausencia de los términos de las décadas del siglo XXI, a pesar de esto goza de una frescura que al parecer se mantendrá en el tiempo.
Para los amantes de la memorabilia habría que decir que el poeta en comento obtuvo el Premio de La Casa de las Américas en 1986 por el poemario Vírgenes del Sol Inn Cabaret, un poema en conjunto, atractivo, inquietante, pletórico de lecturas y relecturas, un reto a los sentidos líricos y un controversial concepto de la mujer, apenas aceptado en los ochenta, década timorata, y en la actualidad potencialmente en juicio por grupos feministas (Si tuvieran la oportunidad de “mal interpretarlo”). Me refiero directamente a vigorosa vinculación entre la figura femenina con el placer sexual, una suerte de “cosificación” de la mujer, obviamente a través de las eras de la humanidad se mantuvo esa sensación esa visión utilitaria que convivió con otras, tema digno de miles de estudios sociológicos. Esta cosificación logra que las mujeres contenidas en estos versos son capaces de transformarse, enajenarse (comercializarse) capaz de volverse una máscara, actuar en el rol que se le encomiende y el que se pueda transar en dinero.
“Apuren paso para ver como bailan las muchachas,
doblando su cintura, frágiles palmeras azotadas
por el viento tropical.
Venid a los túneles de carne, calientes y esponjosos
os esperan
Las rociaremos con champaña si bebéroslas desean.
(si lo quieren) mantel, mesa serán de vuestra cena.
Las decoraremos, pintaremos, moldearemos.
La cara en general, sus dos rosados labios,
el largo del vestido.”
Figueroa adopta una visión crítica ante lo plástico de los medios de la televisión cuando la misma explotaba a mansalva a la mujer en programa en horario nocturno, cuando el régimen apostaba férrea y financieramente para distraer a la nación, recurso que a regañadientes de la facción femenina de la oligarquía gobernante. La introducción de una exigencia estética de la mujer, la creación de un estereotipo distante de la mujer común y que se separaba abismalmente de los predominantes en décadas anteriores.
“Entrad ya, no paséis frío,
vien benidos al cabaret del invierno luminoso,
vien benidos al salón de los bellos engranajes,
vien benidos al túnel del amor en las muchachas
de las luces de neón.
Vien benidos, pero antes recordad, mirad el lema,
que nuestro gigantesco zepelin de propaganda
escribe en sus costados, sobre el cielo:
“ELLAS SON PASTA MODELABLE/USTED PIDE/USTED
PAGA/ ELLAS SON ARCILLA EN NUESTRAS MANOS”.
Ahora este régimen se ve de alguna manera tangencialmente representado por toda la seguridad que rodea, es ahí que las “Zonas de Peligro” un homenaje a Tomás Harris, se materializa como un ciberboite, un puticlub rodeado de una zona militarizada, de alguna manera me queda la sensación de que estos versos me entregan un ambiente como la ciudad de Blade Runner, las luces de neón y la oscuridad, el tratamiento estético de Riddley Scott que de alguna manera se puede traducir con una deshumanización de sus habitantes, se me antoja que las vírgenes del sol inn cabaret son “replicantes” femeninas programadas sólo para entregar placer de las diversas formas en que se pueda lograr, y de fondo a The Police con la canción “Hungry for You (j'aurais toujours faim de toi) del Long Play Ghost in the Machine… recordar la portada del mismo que a primera vista aparecen tres ciber signos como de los relojes de cuarzo, como ideogramas chinos que a luz de un vistazo más profundo nos percatamos de la representación de sus tres integrantes, grupo que es citado apropiadamente por Figueroa.
Mucha atención con la prosa poética de “El Show del Salón Azul”, “La ciudad de una película. Welcome to the machine II”.
“Adentro de los bares la gente intenta ser normal. De pronto los edificios son móviles al rojo vivo y nosotros sombra de óxido sobre las estructuras del acero. Los buses policiales son Stabiles de cuerpo negro. Dos más dos son cuatro enseña la maestra mientras en la puerta observa the Donald Duck Police. El aire parece el metal sucio de un espejo, disfrazando las cosas: (ahora) “Vamos a la maquina Buck-Rogers, al subterráneo de los flipers”, escriben los aviones en el cielo.”
Uno de los recursos mejor logrados en la estructura general del Vírgenes del Sol Inn Cabaret es el trabajo de las citas, siempre arma de doble filo, pero que utilizado de buena forma y como puntal en el poema puede hacer más fluido el concepto que se desea entregar, la sucesión de citas y nominaciones nos entrega atmósfera, incluso temporal. Comencemos por los poetas, nombramos a Harris encontramos a Maquieira, dentro de los nacionales, escritores celebérrimos como William S. Burroughs, Georges Bataille, Antonin Artaud, Isidore Lucien Ducasse Conde de Lautréamont, Allen Ginsberg, el Marqués de Sade y el omnipresente, invisble y no citado Philip K. Dick. Pintores como Veemer, Rubens, Boticelli y el excelente Hieronimus Bosch. Músicos como Pink Floyd (Welcome to the Machine), Led Zeppelin, The Police (Ghost in the Machine), Madonna, Rolling Stones, Tina Turner y otros como Pier Paolo Pasolini y Fellini entre otros y un gran etc.
Atentos al trabajo gráfico dentro del poemario que más que un apoyo estético logran ser imprescindible, en el sentido de que, nos entrega una atemporalidad, ya que del contenido que podríamos situarlos en un futuro distópico, la década de los ochenta a través de las citas e imágenes y las fotografías del siglo antepasado de la década del setenta, simplemente muy apropiado.
“Vien venidos” a una de los más brillantes masterpieces de la neovanguardia ochentera de la poesía nacional, Ediciones Cinosargo se encarga de traerla a los lectores de la actualidad, esta es la cuarta edición desde la premiada versión por la Casa de las Américas, con modificaciones cada una de ellas. Alexis Figueroa logra no dejar impávido al lector.
Nota de prensa sobre Vírgenes del sol inn Cabaret (Cinosargo 2014) de Alexis Figueroa en Diario Concepción
Crónicas del Olvido
VÍRGENES
DEL SOL INN CABARET
Alberto Hernández
1.-
Imágenes, desfiles de cuerpos, luminarias,
ojos que desafían las luces del escenario, un público ávido de escuchar o de
quedarse dormido pero con los ojos abiertos. Alguien pasa desde lejos, como es
mi caso, desde el trópico de esta Suramérica aturdida aún por las tantas
baboserías que dicen sus dirigentes y animadores de programas de televisión.
Me desvío del tema: quiero desviarme. He
leído un libro de hace años, un libro ganador del Premio Casa de las Américas y
me hago el desentendido: abrigo la esperanza de quedarme en un poema y tutearme
con el escritor. Decirle a Alexis Figueroa que la cosa va bien, que los poemas
se pueden consumir bajo el sol del Caribe y deshacerse de tanta tramoya, tanto
grito destemplado, tanta María Madonna enredada en una cuerda. El poema –se me
ocurre- es la parte vital de una entrepierna sudada. El poema burla, enfrenta.
Es irreverente: muestra el proscenio lleno de mujeres en ropas menores, bien
adornadas, con el brillo propio de una puesta en escena de la cual,
seguramente, se podrán ver los lentes oscuros de Augusto Pinochet aunque no lo
deseemos, pero por ahí andan en la desmemoria de alguien, ese alguien
despistado que no se sabe metido en el Gran Teatro del Mundo.
Y leo, y vuelvo a tomar café. El libro de
Figueroa me conduce a estas pesadillas despierto, mientras anuncian un ciclón
en las costas de Venezuela y el jefe de gobierno despliega todo su diccionario
de improperios contra unas hormigas que le comen la torta y los caramelos.
Vuelvo al libro, jamás me he ido, y me relamo con “el país equis” que nada bajo
el cielo oscurecido de Santiago. Y vuelvo a entrar, la puerta se traba, el
poema me empuja y me dice que es “la región de la Utopía”, ese menester
porfiado, entre sobacos, dolido por su imposibilidad de ser. Pero el poema sí
puede. Sí es. Sí existe. Es el libro lleno de voces, de ecos, de imágenes de
Alexis Figueroa con nombre de burdel, de bar de esquina, de muladar cubano: Vírgenes del Sol Inn Cabaret (Ediciones
de Cinosargo, 2014). Es la cuarta edición: ha tenido cambios como las mareas y
como las mujeres que menean las cinturas bajo el relente de una borrachera
idiomática.
2.-
Es un poemario con fotografías, imágenes, dibujos.
Es decir, es un libro para imaginar y sentarse a imaginar. Que por ahí va el
asunto, quebrarse la cabeza con la imaginación, porque para eso somos,
imaginarios. Lectores imaginados por Figueroa, pero no tanto: figuraos que
Figueroa nos imagina, entonces somos imaginarios de una figuración que suda con
el baile de tanta mujer en pantalla, bajo los cenitales del teatro político,
social, cultural y burdelero de América Latina. Y así vamos, de poema en poema,
de país en país, de sueño en sueño, de salto en salto, de mirada en mirada. Que
lo digan los lectores de un mundo hecho show, performance, espectáculo, baile,
cadencia de los muslos, enredo de carnes. Voces atipladas, cantos, iconos,
filosofía de ojos que nos miran desde el poema y nos destrozan. Un
caleidoscopio que nos toma de la mano y nos enseña, sin querer, la Cordillera
de los Andes cantada por el poeta centenario, por el gran poeta de los antipoemas.
Y terminamos hechos un texto de neovanguardia de aquellos años 80: Clark Kent
podría volar sin traje de Superman en
medio de unos ojos desorbitados. No había centros comerciales. Sí gente de
esquina, con cigarro en la boca y mujeres que pasaban con los ojos muy pintados
y una sonrisita que decía “mírenme”. Ahí está el poema y Alexis Figueroa fajado
con sus papeles y sus lápices o su máquina de escribir, trazando realidad y
ficción. Irreverente, poético, entre la democracia y un golpe de estado,
dibujado por el exilio, desnucado por el diccionario de un militar cuya voz era
la oquedad de un baño sucio.
3.-
Me abrigo con el nombre de una mujer, me
apropio de su nombre y repito con el poeta:
María
Madonna, desciende en ala delta desde el cielo,
mueve
sus dos manos, hace “chao” mientras el viento
le
desata las cintas del sombrero.
Lleva
blusa transparente, pelo al viento, pantis lila,
falda
pantalón de seda y de lamé,
piel
tostada por la larga estadía bajo el sol (…)
Me avengo a la solicitud lejana de Proust,
por aquella delicadeza: “…mientras el viento/ le desata las cintas del
sombrero”, pero más adelante la desnudez: imagino los senos, el trópico, el
sudor, la danza bajo las luces, el sol allá afuera, el espectáculo. En otro
lado alguien grita con los dientes en el suelo. O una mujer aborta y un niño se
hace adulto mientras aprende sueco con los ojos cerrados. Todo esto me lo dice
el libro y tampoco me lo dice: lo imagino.
Digo entonces que Figueroa repasó toda la
miseria humana entre luces y brillantes. Elegancia y biombos, platillos y
griticos discordantes. La América Latina de todos los tiempos. La de ayer y la
de hoy. La que nos escuece. La que nos hace burdel en el iris y nos revela que
aún desandamos el camino que no hemos trazado.
4.-
Varias son las vírgenes. Metáforas de himen
complaciente, abiertas a la resonancia de una época. Cinturas, vulvas,
propaganga, publicidad. Coca-Cola, deslices menores. Cada virgen es la edición
de un cuerpo, cada virgen es un capítulo o al menos un descanso para que el
poema adquiera otro tono o el mismo pero a distancia del rostro mellizo del
comienzo en círculo perfecto.
Rostros de mujer, unas ceñudas, otras
sonrientes. O al menos, así, imaginadas. Teoría de un poema que se lee con los
ojos abiertos para la luz nocturna.
Y así, para la última, la que cierra la
puerta del cabaret/ poema:
Postrero
mundo-comic. Serigráfica postal de Coca-cola.
Postrero
mundo-comic, que gira igual que un long play
de
realidades,
revelándose
a sí mismo en forma de arcaico y fantasmal
espíritu
hegeliano
retratado
de esa forma entonces,
en la
diaria & filosófica expresión
de la
palabra y la tinta de los diarios (…)
La palabra, la palabra, la que queda luego
de una cuarta edición, la que se mueve en medio de las horas, la que flota en
el tiempo, la que roza las edades. La misma que desde los 80, un poco variada,
con dibujos, fotos y trazos regresa en este momento y luce a una Terese La
Belle como si el mundo girara al revés. Es que la poesía lo hace posible. Y en
un cabaret mucho más, como en esta América indolente, doliente, cabaretera,
bocona y decimonónica, engreída.
Un poema que nos atañe y nos destiñe.
YO SOY LA QUE ESCUCHA THE POLICE A TODO
TRAPO Y COME PIZZA CON SABOR A MORTADELA.
VÍRGENES DEL SOL INN CABARET, edición Cinosargo 2014.
Magda
Sepúlveda Eriz
P.
Universidad Católica de Chile
Alexis Figueroa es uno
de los poetas más importantes de la neovanguardia chilena que dominó el campo
cultural de los años 80 y que comprende los textos experimentales de La nueva novela (1977) de Juan Luis
Martínez, Purgatorio (1979) de Raúl Zurita, La bandera de Chile
(1981) de Elvira Hernández, La Tirana
de Diego Maqueira (1983), Proyecto de
obras completas (1984) de Rodrigo
Lira, Zonas de peligro (1985) de
Tomás Harris y Vírgenes del Sol Inn
Cabaret (1986)de Alexis Figueroa, entre otros. Algunos de ellos innovan en la mezcla del
discurso verbal con archivos iconográficos, cruce en el que destacan La nueva novela, Purgatorio y Vírgenes del Sol
Inn Cabaret. La propuesta neovanguardista de Alexis Figueroa consiste en
situar la discusión visual y verbal en la iconografía pop distribuida por el cine
y la televisión. Esta diferencia incidió en que el libro obtuviera el Premio
Casa de las Américas en 1986.
El libro Vírgenes del Sol Inn Cabaret crea una
voz enunciadora compleja, donde la conciencia es filosófica, la iconografía, y
la discusión sobre ella, es de un cinéfilo y el oído es un fans de la música de
rock británica. Cada uno de estos saberes da cuenta de un autor que vivió su
juventud al momento del quiebre democrático. Alexis Figueroa entró a estudiar
Licenciatura en Filosofía en la Universidad de Concepción en marzo de 1973.
Pero en septiembre vino el Golpe de Estado y los profesores que venían de la
República democrática alemana, de Polonia y de Hungría, retornaron a sus países.
A pesar de ello, el Instituto de Filosofía continuó con una vida digna hasta
1976, cuando las licenciaturas
humanísticas de la universidad fueron eliminadas y se ofreció a los alumnos
hacer un año y medio de pedagogía para egresar con el título de profesor de
enseñanza media. Alexis Figueroa cursó medio semestre, pero se aburrió, entonces
abandonó la carrera y descubrió otras habilidades.
Ya fuera de la
universidad, Alexis Figueroa se dedicó a la artesanía en metal, realizando trabajos
que aún perduran en Concepción, como el labrado en el dintel tras la puerta de
metal de la Catedral de la ciudad. Entre medio de soldaduras, el artesano
escribía un libro, su título era Vírgenes del Sol Inn Cabaret. Además algunas
tardes se reunía con Tomás Harris, quien, junto a Carlos Decap y Roberto
Henríquez, entre otros, dieron vida a la revista Posdata (1980-1986). Alexis Figueroa fue colaborador del último
número, 5-6, de 1986. El nombre de la revista homenajeaba el libro Posdata, que Octavio Paz había publicado
con motivo de la muertes en Tlatelolco, idea con la que el grupo se sentía afín,
pues consideraban que la dictadura estaba produciendo un territorio de
exterminio. Harris, en Zonas de peligro
(1985), torna a Concepción la metonimia del baldío dictatorial. Alexis Figueroa concibió el exterminio desde la
idea de espectáculo. El primer manuscrito de Vírgenes se lo mostró a la profesora de teatro de la Universidad de
Concepción, Marta Contreras, quien lo invitó a presentar el texto al Premio
Casa de las Américas. Posiblemente la estudiosa de teatro estaba impresionada
por la noción de espectáculo que se despliega en el libro.
El escritor envió un
sobre con 35 hojas escritas a máquina a
una dirección en Suiza, pues no había correspondencia con Cuba. Así que la
opción fue la sucursal suiza de la Casa de las Américas. Y se olvidó. En
febrero, mientras estaba exhibiendo su metalurgia en la Feria de Artesanía del Parque Ecuador,
recibió un telegrama donde le informaban que se había ganado el Premio. En ese
jurado del año 1986 estaban Fernández Retamal y Raúl Zurita, entre otros. Al
poco tiempo, el Banco de Chile le notificó que tenía un depósito desde Canadá,
un recorrido laberíntico como el propio texto.
Con
el premio, Alexis Figueroa adquirió notoriedad en el escaso campo artístico
dictatorial y comenzó a publicar reseñas en el Diario El Sur de Concepción y en la revista Ercilla. Luego, con el advenimiento de la democracia se mudó a
Santiago, donde junto con Jesús Sepúlveda, fundaron la revista Piel de Leopardo (1992- 1995), cuyo
título era una sátira a la representación oficial de Chile como “el jaguar de
Latinoamérica”, felino agresivo que aludía a las macro cifras exitosas del
modelo económico neoliberal implantado a la fuerza . Tras un éxito en kioskos,
el grupo comenzó a divergir sobre los sentidos de la revista y le dieron fin al
proyecto.
La
creatividad para inventar escenas se inició en Vírgenes del Sol Inn Cabaret y continuó en su trabajo artístico con
la creación en textos para danza, guiones teatrales, como Carretera Auschwitz (1997) y guiones para medios audiovisuales,
donde se destaca el documental Tesoros
del mar de Chile (2005) y el minifilm de ficción Deshabitado (2011). De manera que el sentido de lo visual ha ido
tomando un lugar preponderante en su obra.
Vírgenes del Sol Inn Cabaret ha tenido tres
ediciones, cada una de ellas diferentes. La primera corresponde a la cuidada
por Casa de las Américas en La Habana, en 1986. La segunda se titula Vírgenes del sol inn Cabaret. Vien Benidos a la
máquina (sic) y es es publicada por Editorial Cuadernos Sur en Concepción en 1987. La
tercera lleva por título Vírgenes del Sol
Inn Cabaret. Vien Benidos a la máquina. Welcome to the tv y
es cuidada por la editorial Libros del Temple, Santiago, 2006. Esta cuarta edición lleva el mismo
título, pero presenta algunos cambios respecto de la edición de La Habana de
1986. .
Lo
sustantivo de Vírgenes se mantiene y
se enriquece en esta edición. El tema central de Vírgenes del Sol Inn Cabaret es la espectacularización de la
sociedad chilena de los años 80, tras la masificación de la televisión y el
exterminio de los referentes colectivos. Eso se ha mantenido en todas las
ediciones. Pero en esta última la importancia de la tv se ha destacado aún más.
De hecho una de las dedicatorias del libro “A Sonny” suena como la marca Sony
de televisores. La tv es concebida como el espejo que deforma, pues propone
imágenes estereotipadas, blancas y erocéntricas para una sociedad
latinoamericana, mestiza e indígena. Por ello, la tv es comparada al espejo
oval de la madrastra de Blanca Nieves, que responde siempre: “hay una más
bonita que tú”. Entonces estas vírgenes latinoamericanas comienzan a imitar los
modelos difundidos por el espejo oval.
El rol de la tv y el cine, como forjador de
ídolas inalcanzables, es dicho en un poema nuevo respecto de la edición de La
Habana, llamado “Inicio General 0” : “nos
vestimos con la ropa del Cinema / adonde nos vestimos con la imagen o la sombra
proyectada desde el Almacén de los Deseos y Necesidades” (11). El cine es
nombrado como la pantalla generadora de deseos aniquiladores, que elimina del
presente a los sujetos, impulsándolos a buscar lo que existe solo en la
ficción. Es decir, cierto cine hollywoodense es apreciado como una máquina de representación
asesina. Este tópico de la representación mortífera posee una intertextualidad con el cuento “El
retrato oval” de Edgar Allan Poe, donde un pintor realiza un retrato de su
amada tan vivaz que al terminarlo se da cuenta de que la modelo, su esposa, ha
desfallecido, hasta morir, en la pose. Alexis Figueroa cita a Poe cuando
representa a las estrellas norteamericanas, como Mae West, al interior de un
retrato oval.
Un antecedente de este poema “Inicio General
0” es el poema “Antes que nada” que aparece en la edición de 1986, pero el
sentido es otro. En la primera edición, el hambre es causa de la fascinación
por el mundo imaginario del cine: “donde nos asfixian las metáforas del hambre,
/ donde sobrevivimos con la ropa del cinema, / donde nos vestimos con la imagen
o la sombra / proyectada” (1986: 7). En la primera edición, la pobreza del
Chile dictatorial está vinculada al apego por el almacén de sueños del cine,
pero en esta última del siglo XXI, los modelamientos de las fantasías han
aumentado y la referencia al hambre y la pobreza han desaparecido, como si fuera
más necesario que se nos indicara qué desear en el mundo globalizado que en la
sangrienta dictadura.
Los deseos promovidos por la masificación de
la tv en los 80 chilenos, resaltan la fantasía de ser alta, rubia y sin panza. Ya
no más el “negra linda” que recuerda la Unidad Popular. Las mujeres
latinoamericanas deseosas de semejarse a esas barbies de horario estelar son el objeto representado en Vírgenes. La voz, que profiere el texto,
imita el habla de un animador de cabaret, presentando “la situación de las
actrices / cabareteras del lugar como metáfora de las mujeres latinoamericanas,
mestizas, oprimidas por un régimen de mirada” (Sepúlveda, Magda. Aisthesis 44, 2008: 135). Pero en esta
edición del libro esa subjetividad toma conciencia de que el escritor es
también un animador de ficciones artificiales: “El escritor invita, pagará
todos los gastos, / con auspicio de la Nasa and Kennel Club. / Pasen a escuchar
nuestro folletín de propaganda” (13). El escritor, en la concepción del libro,
crea imágenes deformadas de la realidad, por tanto lo que él produce es también
una imagen oval. En la portada interior de Vígenes
se representa al escritor dentro de un retrato oval, lo que alude a esta
concepción del arte como ficcionalización deformante.
El animador invita a ver a las mujeres del
cabaret, presentándolas como algo para ser bebido y comido: “ Las rociaremos
con champaña si bebérosla desean. (si lo quieren) mantel, mesa serán de vuestra
cena” (19). En todas las ediciones, se mantiene esta voz del animador que genera una equivalencia entre espectáculo,
mujer y comida. La permanecia de esta polémica nos dice que ahí está uno de los
aspectos centrales de Vírgenes. La mujer,
como objeto, es pura imagen, se ha extraviado de su referente y por ello mismo,
es digerible, comestible, como todo lo que ingresa en el significante
espectáculo. La elección de un nombre judío para muchas de las mujeres de Vírgenes no es casual, como tampoco la
palabra “rociar”. Para “Susana, María, Ester” (32) las modelos blancas de
“Veemer, Rubens, Boticelli” (32) operan como un campo de exterminio sobre la
morenidad de las mujeres de la Cruz del Sur. Las ídolas blancas de la tv son la
ducha de gas del siglo XX.
Alexis Figueroa representa el efecto del
modelo de mujer blanca masificado por la tv tanto en mujeres como en hombres
latinoamericanos. El varón está cansado del trabajo y ha perdido el deseo: “El
muy imbécil, atontado, ya no sabe distinguir entre tu pierna / y un blanco
trozo de carne de cordero” (48). Nuevamente aquí la mujer se asocia a la comida
y aún más a un cordero. Dado que el cordero posee la connotación de ofrenda
para un sacrificio, la mujer ocupa una posición equivalente. Ella es la que
puede ser sacrificada. Y con ello se asume cierta legitimidad de la violencia
sobre la mujer. Dentro del poemario quienes intentan mimetizarse con el modelo
de mujer de la pantalla son fácilmente comidas y sacrificadas. Los varones,
como el personaje de Asuero, se conforman con la replicante y prefieren
“mirarte en las revistas, comprarte en los videos” (43). Ellos aman la
replicante y no la mujer concreta. La imagen se vuelve más productora del deseo
erótico que el vínculo humano concreto.
La tv invita a las mujeres latinomaericanas
a identificarse con las mujeres blancas, mediante el uso de productos que las
enmascaran. Ya no se trata de simular o esconder lo que se tiene, sino de hacer
un simulacro, fingir tener lo que no se posee, y por ello la ropa y el atuendo
pasan a ser tan importantes: “ María Madonna / [Lleva] blusa transparente, pelo al viento, pantis
lilas / [Gafas] pank (sic) protéjenle los ojos, un collar de acrílico / [María]
Madonna entra en las nubes baja y baja, como un buzo de pájaros, / como un submarino
de la atmósfera. (Antes de partir le regalaron / un canasto lleno de ostias y
de pizza, con sabor a mortadela, jamón y peperami)” (43-4). En Vírgenes
tanto las mujeres como la comida se han vuelto artificiales. Es comida con
“sabor a”, es el mundo de lo sucedáneo y de la sobre exposición de las
subjetividades.
La entrada en el reino del espectáculo
requiere una operación de lisura. De ahí el verso que repite, una y otra vez,
la voz del poemario: “welcome to the machine”. Este verso es una cita a la
canción homónima del grupo británico Pink Floyd, donde se crítica el sueño de
pertenecer al espectáculo: “you dreamed of a big star / [he] loved to drive in
his jaguar / so welcome to the machine” (musica.com). El sujeto del espectáculo
ingresa en una máquina que lo vuelve pura superficie, pura imagen camaleónica
digerible. De ahí que Figueroa reitere la equivalencia de mujer con comida: “Si
queréis morenas, / la piel como la uva, / la piel cebada, / la piel tostada y
suave, toda tercipelo estará abierta, / será higo partido y ya maduro,
revelando rojo su interior” (21). En la imagen del espectáculo, todo interior
es exterior, hasta la vulva femenina, todo es mostrable y exhibible. La máquina
del espéctaculo produce imágenes pregnantes, que se instalan debido a que no
ofrecen la resistencia de una relación humana efectiva. Así gustan todas las
fotografías de actrices que Figueroa sitúa iconográficamente en su libro.
La imitadora adquiere voz en esta edición de
Vírgenes. Ella comunica las
dificultades que posee este deseo de ser como las modelos de piel blanca. Su
habla está articulada por el registro de la música rockera mass mediática: “Yo
soy esa que escucha The Police a todo trapo, / que se viste con The orgasmic
Madonna Sound Machine, / [que] recorre la avenida de su mente manejando un /
auto- Cindy Lauper de la mano con Et; / [yo] soy esa que se bebe un líquido
pink-floyd sentada / en el gran bar de las neuronas, / y soy la Tina Turner
disfrazada de baldíos” (29). Los referentes musicales sirven a esta voz y
durante todo el libro para construir la historia de las imágenes del “ojo de la
bruja” y de sus disciplinamientos. La
“alta cultura” ya no es un sitio apelable para estas voces de la cultura del
tele-ver y la música rockera se transforma en la única letra que llega y les
permite comunicar.
Esta edición de Vírgenes le da voz a las chicas espectacularizadas y también
permite que su coro melódico ingrese al texto, lo cual no estaba en la edición
de La Habana. Las chicas cantan una canción “pegagosa” porque el significante
se repite una y otra vez: “Soda pop soda pop soda pop en fin mientras aguante /
soda pop soda pop chica pin – pon / soda pop soda pop soy reyna, princess,
bianca (blanca) / soda pop soda pop soda pop chica Pon- Pon” (46). La canción
no es un himno sobre ellas, sino una burla a su condición, en tanto la soda es
la trasparencia blanca por ellas buscada y el pin pon es finalmente un ofrecerse
a la relación íntima del “pon pon”, donde ella es penetrada, la abierta o la rajada.
En esta edición hay además referencias a
Concepción que estaban ausentes en la edición de La Habana. El espectáculo ya no
está tan solo en el cabaret, sino que toda la urbe de las luces de neón se ha
vuelto un cabaret. Esta ciudad iluminada por los pocos y pobres focos de neón
de restaurantes y boites es el territorio de Concepción poetizado por Tomás
Harris, que la voz de Figueroa cita llamándola “Harris- aldea” o “Zonas de
Peligro”. La mitificación de Concepción es algo propio de esta nueva edición de
Vírgenes e indica la consolidación de
la ciudad simulacro que ya había esbozado Figueroa metonicamente a través de su
imagen del cabaret. La ciudad simulacro ya no se mueve por utopías colectivas,
sino por el deseo, y la producción de bienes y servicios. La nueva urbe
espectacularizada está para cubrir los deseos fomentados por la pantalla.
La ciudad simulacro acumula y desecha ídolos.
Los fetiches de la pantalla son la fuerza motriz fantasmal de los deseos de sus
habitantes. Sobre esta operación la voz creada por Figueroa describe la nueva
musa: “Tú, odalisca, flor de Ingres, especialista en Nacked-lunch / tú, la que
deforma la cara y la sonrisa, / tú la diario, piso, sombra de meados / [la]
nueva esclava virgen deste (sic) sol, del inti – money, / [la] arrojada igual
que un parche –lienzo sobre / el tránsito biológico en la acera” (27). La musa promotora
de deseos está arriba, en el afiche publicitario, pero luego está abajo en el
papel caído, en la imagen de diario orinada. La ciudad simulacro inventa para
cada día su nueva estrella.
La escritura de Figueroa integró la cultura
de masas a la poesía chilena, tanto bajo la forma de registro visual, incorporando
imágenes de ídolas consideradas cuerpos celestiales, como citando la letra de música
pop, Pink Floyd, The Police, Cindy Lauper y
Madonna, entre otros. Los poetas de la generación del 2000 integrarían a
The Clash, Talía o Gloria Trevi, porque la caminata continuó y en ella Alexis Figueroa
abrió un camino.















