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Análisis introductorio al Poemario Moridor & Otros Poemas De Willy Gómez Migliaro [Por: Consuelo Núñez]



En la presente aproximación a la poesía de Willy Gómez Migliaro hallamos una diferencia un tanto notoria con los anteriores poemarios del mismo Poeta, trabajos donde leímos y comentamos en anteriores publicaciones.

Nos referimos tanto a la forma como también conocemos el discurso en los versos que traen los poemas de sus primeros títulos como Nuevas Batallas, Construcción Civil, Pintura Roja y Lírico Puro. Habida cuenta de que Moridor & otros Poemas fue publicado hace unos diez años atrás, en este 2019 nos ocupa esta reedición llevada a cabo en México. Motivo por el cual es una ocasión perfecta para retomar la mirada del poeta y hacernos de su recorrido, una vez más, para nosotros en la tersura de su lenguaje como también en su constante afán innovador de la palabra en poesía. Supone también una clave lectora, observar su inclinación por depurar que es un recurso más para alcanzarnos su propuesta poética.

El poeta ha llevado sus poemarios por un camino de versos depurados, tanto de estructura como de ritmo acorde. En su amplio recorrido si bien se nota la originalidad en cada poemario entregado, en esta reedición se hace más palpable su ímpetu por caracterizar al personaje, al sufridor Moridor e ir más allá. Consideramos por tanto, que este poemario es el más fresco y cuyo profuso contenido es por el cual ha experimentado más su propia búsqueda sostenida en clave con un lenguaje, esta vez, coloquial.

Adicionalmente y como es una característica reconocida en sus poemarios, el poeta nos da una pista para llevar esta lectura con más ahínco y seguridad al mencionar, como un guiño, ir de un campo a otro. Nuestra lectura parte desde el enfoque de la Semiótica del Discurso con la procura de conseguir y hacernos cargo de lo que comunica en su narrativa, puesto que allá es donde el abordaje es más accesible.


Introducción


La Hiedra en las Paredes.

El poeta nos lleva al encuentro de lo insostenible, hace suya esta narrativa que es la instalación de la muerte donde él se hace uno mismo con un doliente centrado en sí:

«Sus coordenadas luminiscentes definen desiertos»

Partimos desde una primera oposición Humedad/Sequía como sensación de vaguedad mortífera. Asiste a una revisión que cuestiona, la belleza, la poesía. Sin hallar un futuro seguro o aprovechable, o no halla una salida o forma posible de ensayar su propia vida.

Y la vida sigue pero allí donde se acaba el mundo conocido, pinta los confines de la muerte.

No hay un cronotopo y por ello informa un inútil modo de resistencia ante la corrupción de la muerte.

Algo tan Superficial

«Pronto hablará atlántica raspando la lengua de Sicilia»

Estar al borde mismo del abismo al que nos lleva la muerte, esa mirada furtiva nos instala en el lugar de atraco, donde la misma o su mensajera nos detiene.

La muerte se lamenta y solloza sin pausa ni poquedad, su angustia es no vivir ni dejar vivir. Y se ahogará sin remedio en su propio y ajeno mar de desaparecidos, en su amargura.

La calma es para ella como el riesgo de morir. Aquí el poeta es condoliente como si fuera él aquel mismo sufriente.

Constata que, para la muerte no hay un topos, solo se traslada de golpe y éste lleva a la agonía cierta, a una superficie encubierta, como estar en un ataúd ya dispuesto.

El rulemán golpeado

«Suena el peligro en una calle colonial, salitrosa y gris. Hay una especie (…)

Una banda toca desde un estrado de madera (…)

Yo escribía hace años un ritmo de movimientos parecido. Aunque debo decir que los otoñales de este año se le parecen (…)

La nueva fortuna habrá de conducirnos a sus estacionamientos cuando se haga justicia con nosotros»

El poeta se mira a sí mismo como en un juego que se anuncia con golpes o mucha bulla, como si de estar en una timba de ultratumba se tratara.

Se pinta en una incierta ruleta o un carrusel sin música alegre. Maquillado como un jocker de naipes. Resiente su presencia en una ambivalencia que no termina de decidirlo si está vivo o muerto.

«El músico mayor parece cansado, es gordo, con bigotes e hincha sus cachetes cada vez que su saxofón percute ritmos oscuros»

Acaso un interpretante, como si fuera un anfitrión con careta humana y sirve de puente entre su certeza de morir y su angustia de vivir desapegado. Sin estar, está fijo en cada golpe de nueva fortuna, espera una justicia que no llega a los que como él fingen una vida que no es vivida realmente.

Su fortuna está echada, puesto que han sido vistos sus intentos vanos ya sin estrategia, se pudre o se malogra, pero sin odiar (su propia muerte)

El poeta está concibiendo una narrativa de muerte que no termina de llegar, pero que sin estar, tiene certeza de su llegada. El poeta narrativiza un intercambio de posiciones, como pasar de un campo a otro y la frontera lo paraliza y no tiene más remedio que tentar una nueva jugada, estamos frente al ruleman golpeado, o un narratario que es el que completa la jugada.

El Día de la Dignidad

«Siento que mi sobrevivencia empuja un jardín oscuro»

«La gravedad del insomnio me lleva»

Este soñador noqueado en blanco de muerte, este ser insomne resiente la muerte cierta. Se ha instalado una sensación de pesadez como posición durmiente que colmara todos los miembros de un cuerpo con un rictus dominante.

Este moridor es narrado, un signo sin vida real o conocida, desea salirse fuera, ser un alguien completamente ficticio. Sabe que quisiera irse con cuerpo propio aunque sin vida cierta. Está harto de no sentirse vivo.

Se cumple la Promesa

«Desde la esquina de la primera sala, las mesas

de aluminio fueron movidas

hacia el lado donde hubiéramos querido estar»

Matancera, país, territorio, sustantivos como puestos al descuido, son intentos de posicionar un cronotopo o hacer que funcionen como tal, recordemos que pinta un no lugar.

Se ha quedado en el pasado. Con una inalterable mortalidad. Sobre el decurso de aquel otro que procuraba el poder en una relación ya desgastada, a poco de terminarse. La muerte es aquí ingresada como parte interesada en el desenlace de una relación matrimonial, una fórmula que hasta un momento dado funcionaba y que se vuelve contra los esposos. Un orden que se ve removido, el centro de donde se apartaron de ser pareja. Se impone la separación y la poca ilusión acusa «El te ayudó». Este moridor ha destrozado todo lazo concreto entre los dos.

Verano

«Hay mudanza de imágenes»

«Si pasas a otro plano sería descomunal la carga. Regresaríamos solo a terminar de elegir los últimos regalos»

«Hemos visto la felicidad y la muerte. Lo mejor de mi & de ti»

Así que toca apartarse, volver está demás porque sería para continuar en la misma rutina. Se cumple el decreto de la muerte como final anunciado, va a ejecutarlo y así habrá de ser terminado, ya no será más. Habrá finalizado sin oponer resistencia alguna.

La muerte llega como si a instalarse fuera, con título propio de dueña. Mientras que para él será un recuerdo todo, o una noche sin descanso.

Confrontado el poeta con su moridor, cierra aquella ilusión del pasado que no fue o será: «Hemos visto la felicidad y la muerte» como una manera de disolver una empresa fracasada, el uso del ampersan confirma la disolución del matrimonio como si de una compañía comercial se tratara.

Finalmente apreciamos que el poeta ha logrado con gran maestría ejecutar una división de campos donde nos muestra lo que quiere pintar y opone distancia entre lo que describe el texto y propone lo que quiere decir en discurso (enactuado), donde las figuras o imágenes narran aquellos recuerdos que conmueven los sentidos, donde la forma trasluce la entrada del discurso cual si fuera una captura de luz en medio de la espesura del paisaje pintado.


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Fuente:

https://zunila.wordpress.com/2019/12/22/moridor-otros-poemas/?fbclid=IwAR3T61NClsYtcUGoezyMrZUqP8r-72pEW8aDFKXAYajpvVBR8SK23T3IJhE


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About daniel rojas pachas

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